Yo no concilio

Esta semana ha dado la casualidad de que he leído y escuchado varias noticias referentes a la conciliación laboral-familiar. Aún no estoy trabajando, pero me he metido de lleno en el estudio así que hago casi una jornada completa entre ir y venir de la academia todos los días y mis consiguientes horas de “hincamiento de codos”. Así que conciliar, lo que se dice conciliar, poco. 

Tenemos la grandísima ayuda de la familia política que nos cuidan a la hija-en-prácticas durante la semana, incluso durmiendo varios días en su casa para que la mami-en-prácticas pueda dormir y rendir al día siguiente. Y aun así, parece que no hacemos las cosas bien. O es mi sensación, vaya! En ocasiones me asalta la culpabilidad de estar perdiéndome muchas cosas de la infancia de mi pitufa. El hecho de que se soltara definitivamente a andar en casa de los abuelos-en-prácticas ha sido para mi como un estigma que llevo encima. Que allí duerma del tirón, o se acabe la papilla… Pequeños logros en los que NO estoy presente. 

Y entonces pienso en todas las mamas y papas que por sus jornadas, porque no tengan ayuda familiar u otros motivos, no puedan pasar con sus enanos esos momentos tan importantes. 

Qué difícil es ser mamá hoy en día!!!!!



Sentimientos de mamá

La hija-en-prácticas tiene 13 meses. Un torbellino de sentimientos están a mi alrededor constantemente: orgullo, miedo, felicidad, responsabilidad…
Siempre he sido algo sentimental, de lágrima fácil, vaya. Lloro con películas, anuncios y libros. Pero esta semana ha sido incluso más sentimental todavía.
Puede que haya sido un cúmulo de coincidencias. Pero creo que el convertirme en mamá-en-prácticas hace que todos esos sentimientos que antes tenía se multipliquen.
Ayer recibí un mail de una página sobre mamás y papás con un artículo sobre fotografías que familias hacían a sus bebés recién nacidos. En principio, parece algo normal, hasta que continúe leyendo y vi como eran fotografías de sus bebés que morían al poco de nacer. Un documento desgarrador, ya que en realidad parecía bebes dormiditos. Ahí noté cómo algo por dentro hacía “click”. Y un sentimiento de miedo terrible a que algo así me pasase, de compasión hacia aquellas familias que acababan de perder a sus pequeños, de admiración (yo no creo que pudiera) por querer guardar un recuerdo tan bonito a pesar del palo tan grande…
Y entonces respiro hondo. Y miro hacia arriba, y agradezco con todas mis fuerzas lo que tengo.